viernes, 24 de agosto de 2012

La inmensidad de la Tormenta

Algo sucede durante las tormentas en lo más profundo de mi conciencia. Las gotas que caen, estrellándose con todo y con todos, desde la nada hasta el más puro materialismo, me provoca un sentimiento casi surrealista. Y los destellos de luz, seguido por el estruendo que hace vibrar ventanas y puertas, me hace meditar sobre existencialismo. Sobre lo increíblemente receptivos y sugestionables que podemos llegar a ser.
Es entendible que algunas personas sientan temor a las tormentas. Muy pocas cosas nos hacen tomar cuenta de que somos seres insignificantes y totalmente dependientes de la voluntad de la naturaleza. Indefensos, como un pequeño pez dorado en un mar infestado de pirañas. Así nos sentimos cuando nos encontramos perdidos en la inmensidad del campo, con gotas fuertes y gruesas que nos golpean amenazantes, y rayos que tachan agresivamente las profundas y oscuras nubes.



















¡Que salvaje el pasto mojado!
¡Que vertiginosa es la carrera hacia la nada!
¡Que excitante es sentirse vivo!