viernes, 8 de junio de 2012

Una Historia de Amor, Capítulo 1


-Capítulo 1-
La casa de Emiliano

Pipipipip. Pipipipip. Pipipipip. Pipipi-click. El chico deja el despertador sobre la mesa de luz y vuelve a taparse hasta las orejas. Era una mañana de invierno muy fría, o eso le parecía a el. Fuera de su habitación se escucharon pasos que se aproximaban, una sensación de frustración invadió al muchacho por no poder evitar lo que sabía iba a suceder. La puerta se abre y su madre se acerca hasta la cama. El chico permanece tapado de manera que resulta imposible saber si se encuentra despierto o no.
-Emiliano despertáte, son las 7- dice su madre, sacudiéndolo por un ombro.
-Si si, ya me levanto- responde el somnoliento muchacho.
La señora, que rondaba los 40 años, se retiró a paso enérgico. Una energía que pretendía ser genuina, pero sus pasos dejaban una estela de pesadez y pereza difícil de ignorar para Emiliano. ¿Sería la humedad? ¿el frío? No lo sé, pero esos pasos traducían una larga noche de insomnio y tabaco. Hoy iba a ser un largo día. En definitiva otro día de mierda, pensó.
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El vapor del lavamanos empañaba el espejo y los azulejos del pequeño y acogedor baño. Al sumerger sus manos el chico pensó que podría quedarse allí todo el día, pero debía ir al colegio y no podía permitirse llegar tarde otra vez.
En la cocina, se disponía a prepararse un café cuando, por el rabillo del ojo, notó que su madre entraba bruscamente. Emiliano suspiró, sin apartar la vista de lo que estaba haciendo siguió preparando su desayuno, mientras su madre vociferaba cuestiones que no eran adecuadas para comenzar el día.
-¡¿Estás cansado de escucharme gritar?! ¡¡Ahora me vas a escuchar, por que yo sí nací para ser alguien y desaproveché la oportunidad. Mejor dicho, NO ME DEJARON ser!! ¡20 años viví encerrada, mientras tu padre salía a drogarse con sus amigos... y yoo acá como una pelotuda...- Y las cuestiones seguían sucediéndose.
Emiliano, que se había sentado, puesto azúcar a su café, que revolvía lentamente y tomaba un pequeño sorbo para calentarse la garganta, estaba mas interesado en su tostada con manteca que en lo que decía su madre. Ella, enojada por la indiferencia de su hijo, dió un manotazo en la mesa que hizo volcar el café. La mano del chico estaba mojada y aún sosteniendo la cucharita de té. La mano comenzó a temblar violentamente. De pronto, arrojó la cuchara contra la mesa al tiempo que se ponía de pie y gritó con toda la fuerza de sus cuerdas vocales y sus pulmones: ¡¡DEJÁME DE ROMPER LAS PELOTAS!!
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¡BLOOM! El portazo sonó tan fuerte que hasta los vecinos, que aún estaban acostados, se miraron entre sí como diciendo "otra vez lo mismo". La noche había sido fría, no cabían dudas, pero algunos rayos de sol estaban calentando las veredas y los comercios comenzaban su actividad. Emiliano respiró profundamente el aire fresco. ¡Qué diferente era el murmullo de las calles comparado con los gritos de su madre! Aunque hubiese deseado gozar de silencio hasta el mediodía, se tuvo que conformar con que el día había comenzado. "No tengo muchas opciones, y salir de casa parece ser inevitable hoy. Ojalá pudiera quedarme acostado. Que ganas de dormir hasta pasado mañana. Maldita rutina" fueron los pensamientos que pululaban por la mente del muchacho mientras avanzaba por las calles en dirección a su escuela. El canto de los pájaros propiciaba un buen día, y él jamás se imaginaría lo que estaba a punto de ocurrir. 



Nota del Autor: Esta es una historia redactada en conjunto. Próximamente se incluirá un link hacia el 2° capítulo de ésta historia. Gracias por leer, les aseguro que se pondrá interesante. Esto recién comienza ;)