domingo, 11 de abril de 2010

Un Claro Entre Caminos


Todos sus problemas perdìan sentido cuando pensaba en lo que habìa logrado: Por fin pudo encontrarse, despuès de mucho tiempo. Y encontrarse a sì mismo habìa supuesto una misiòn larga y difìcil.

Muchas veces se habìa sentido al borde de un acantilado, presionado por distintas cuestiones de la vida. Estubo dispuesto a renunciar, creìa que su lucha habìa sido en vano. Creìa que hasta allì habìa llegado su camino. Es màs, varias veces cayò por ese acantilado. Mientras caìa podìa sentir el vèrtigo que se convertìa en desesperaciòn desgarradora. Pero tocar el fondo no suponìa un dolor mas intenso del que experimentaba mientras caìa. Entonces, despuès de alcanzar el fondo, ya todo le daba igual y se abandonaba a la deriva, a la merced del viento. Curiosamente las arremolinadas y frìas corrientes de viento siempre lo impulsaban hacia el camino de la montaña. Como ya todo le daba igual, èl solo se limitaba a avanzar.

Posiblemente volverìa a caer, y si lo hacìa no importaba, ya que para èl caer se habìa convertido en algo surrealista, falso de alguna manera. Lo ùnico que quedaba de èl era la confianza de que podìa resistir mucho màs.

Un dìa se sorprendiò, pues ya se estaba acostumbrando al dificultoso camino ascendente, cuando se encontrò con èl mismo en lo alto de una montaña.. Se extrañò al ver que no era lo que esperaba, pero no esperò otra cosa que extrañarse. Sabìa que habìa cambiado. Era, como antes, bueno en muchas cosas. Pero ahora sabìa màs cosas que antes: conocìa rutas y caminos, recodos y curvas, habìa aprendido a controlar su respiraciòn y a esperar lo inesperado. Se diò cuenta que eso lo hacìa màs grande todabìa. Viò detràs que se extendìa un nuevo camino y se dispuso a recorrerlo.

Si, èste nuevo el es imperfecto en muchas cosas que antes no conocìa. Pero este camino era distinto, era uno nuevo, y es su deber conocerlo y dominarlo.