domingo, 4 de septiembre de 2016

Cosas imprescindibles

¿Te imaginas como sería el mundo sin dulce de membrillo?


¿Si fueran todas las facturas de crema pastelera? No habría ninguna factura que dejar de lado.
Nos comeríamos todos una docena de facturas antes del mediodía, eso no puede ser bueno.
Provocaría una indigestión generalizada. Todo el mundo descompuesto al mismo tiempo. Imaginate todos los inodoros atascados a la misma hora, la gente no tendría dónde ir al baño. Se empezarían a cagar encima en las calles, en las escaleras mecánicas de los shoppings, en los cajeros automáticos... sería una catástrofe.
Todo el mundo lleno de mierda.
Así que si pensaste que el dulce de membrillo era totalmente prescindible en ésta vida... pensálo mejor, hijo de puta.

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¿Cómo sería el mundo sin Cameron Díaz? Lo averiguaremos en el próximo episodio.


miércoles, 17 de agosto de 2016

Estado Mental: BLEH...

¿Es preferible saber (y dominar) por completo un tema específico o saber un poco de muchos temas pero no aportar significativamente en ellos?
En el primer caso se corre el riesgo de ser monotemático, denso, fanático. En el segundo, se corre el riesgo de ser un bleh.
Creo que soy un bleh.
No nací siendo bleh, por supuesto.
Uno se va convirtiendo en bleh a medida que pasa el tiempo. Primero se empieza por opinar sobre todo, y por causa del entusiasmo que produce la novedad, las opiniones son realmente interesantes ¡y hasta productivas!
Esa cuando uno se da cuenta de que ha malgastado terriblemente su tiempo cuando se convierte en bleh.
"¿Para qué carajo me gasto, si es como hablar con una pared?"
¿Te has preguntado eso alguna vez? Es el primer síntoma del bleh. Luego, progresivamente comienza a expandirse a otras áreas de la personalidad. Ahora puede que no sólo te sientas bleh en el terreno de las ideas, sino que también están en riesgo tus acciones.
No hay nada peor que hacer algo sin motivación. ¡Pero no te culpes!
Un verdadero bleh no se gastaría jamás en ello.

lunes, 4 de julio de 2016

Preguntas en la oscuridad

Hace tiempo que no razono. Voy perdiendo vocabulario, capacidad para expresarme. Creo que es porque ya no converso conmigo mismo. Hace tiempo que dejé de mantener diálogos en mi mente. Simplemente me limito a existir, a ser, sin verdadera conciencia ni cuestionamiento.
Pensé que el desapego emocional era una virtud, pero se va pareciendo a una especie de autismo. No me gusta.
¿Cuidar la caligrafía? Ni pensarlo. Soy un desastre que no se preocupa de la estética ni las formas.
Confío en mi mismo, soy un "emacéntrico". Pero poco a poco voy aceptando ideas ajenas, las uso de inspiración y hasta las cito. Creo que es un paso en buena dirección.
¿Qué hay en la oscuridad? Debo permitirme escudriñarla. Debo, con exigencia, tomarme el tiempo necesario para realizarme y responderme éstas preguntas.

viernes, 1 de julio de 2016

Cambios en el mundo a partir de la tecnología

[... han entrado en el lenguaje cotidiano los términos propios de la cibernética. Cuando discutimos, no preguntamos el parecer de nuestro interlocutor, sino su feedback; es más, no mantenemos ya diálogos, sino que solicitamos un input. Esta siniestra invasión del logos (en su significado más amplio del mundo de la palabra y el pensamiento), por parte de la terminología electrónica de la tecnocracia moderna, representa una subversión no sólo de la interacción humana o cualquier nivel de experiencia social, sino incluso de la personalidad del hombre como fenómeno orgánico y de desarrollo. Se asume la dimensión moderna de un sistema cibernético, y no sólo en los atributos físicos, sino incluso en su propia subjetividad.]
Autogestión y Tecnología. Murray Bookchin



La tecnología en sí misma no es ni buena ni mala, simplemente es un producto más de la mente humana que ha servido para nuestro desarrollo. Anteriormente la humanidad ha conocido tecnologías, y no las ha explotado como explota hoy por hoy el capitalismo cada recurso que llega a sus manos. Y ahí es donde se encuentra el problema, donde el verdadero desarrollo se detiene para caer en las cíclicas garras del capitalismo, que todo lo convierte en negocio, incluso a cuestas de la propia humanidad.
Si me preguntan sobre los cambios en el mundo a partir de la tecnología, me encantaría hablar sobre una realidad donde la tecnología desarrolla nuestras habilidades creadoras, donde expande nuestra imaginación y nuestras habilidades sociales al punto de unir todas las almas que moran éste planeta, incluso más allá. Pero la realidad es muy distinta. Cuando me asomo por la ventana para admirar el paisaje lo primero que me encuentro es una cámara aferrada al otro lado de la calle, que me observa con una capacidad de giro de 360° y un zoom capaz de adivinar lo que sucede tras mis cortinas. Cuando voy caminando por la calle mirando mi celular, me asaltan multitud de avisos publicitarios que me ofrecen restaurantes cercanos a mi ubicación. Algunos podrán considerar ésto como un avance, pero la realidad es que yo no tengo hambre, no quiero ir a un puto restaurante. Ahí es cuando me pregunto cómo hace éste aparato para saber dónde estoy, y me doy cuenta de que debí haber leído la letra pequeña de ese contrato que acepté en el momento de instalar esa aplicación. Me doy cuenta de que probablemente un gran porcentaje de la población mundial aceptó inconscientemente llevar un GPS en el bolsillo, todos los días de su vida, y no me parece algo para nada bueno.
Cada día que pasa la tecnología nos aísla. Los informáticos que soñaban con software libre y anarquía ciberespacial han sido devorados por la maquinaria. Hoy todo se trata de las grandes corporaciones. Google, Microsoft o Apple algún día llegarán a estar tatuados en nuestra piel.



viernes, 17 de junio de 2016

La Ciudad Sofocante

Nombres, destinos, oficios, todo convive imperceptible entre las individualidades suprimidas por la inmensidad abrumadora de la ciudad. Los horizontes se extienden incalculables hasta el terreno salvaje, indomable, desconocido. La oscuridad es tan densa que se adueña de todo. Avanza rápidamente por cada campo, pasando por los puentes, tomando las fábricas, las calles, el subte, los barrios, los cafés y las pizzerías, el baño de la estación de servicio y ésta misma habitación.
Nada escapa al agobio, salvo los pisos más altos de esos rascacielos que, paradójicamente, aumentan la sensación de opresión, de inutilidad, de intrascendencia que domina el espíritu que alguna vez se creyó protagonista de ésta historia.
La verdad es una sola, y es que el hombre es carcelero del hombre, y que no basta imaginarse libre para serlo.


Son dos verdades.

lunes, 6 de junio de 2016

Omnis Amans Militat

Escribo ésto para evidenciar nuestros sentimientos (todos ellos) y documentar una batalla emocionante y muy prometedora que aspira a convertirse en algo épico.



El campo de batalla es el más limpio que he visto en mi vida. Casi no existen baches, parece que se preocupan por el mantenimiento a diario para que los Gladiadores puedan desplazarse sin inconvenientes y sea una pelea justa. De ellos ¿qué decir? Sus armaduras son relucientes (sobre todo la de ella... ¡mamita!), sus escudos lucen miles de rasguños en señal de una buena defensa, y sus espadas son tan afiladas que sus destellos lastiman los ojos de la multitud. La gente aclama, y hasta siente envidia de no poder participar de batalla tan emocionante. Algunos arrojan objetos a la Arena, sólo para que los Gladiadores puedan lucirse haciéndolos a un lado con certeros movimientos de sus espadas. A la hora del combate sus movimientos se transforman en pasos de baile, ofreciéndo un espectáculo delicioso capáz de estimular todos los sentidos. Desde el calambre en sus pies hasta el hormigueo en sus vértebras, desde el sudor de sus frentes hasta la saliva en su boca, y cómo ignorar el dulce sabor de la sangre y el aroma a victoria que se respira cada vez que sus armas se entrecruzan. Todo eso se intensifica a medida que transcurre la batalla. Sólo hay un factor que les puede jugar en contra a los guerreros: el cansancio. Afortunadamente todavía no hay vestigios de él, ni siquiera se tiene en cuenta. Los Gladiadores están dispuestos a dar lo mejor de sí.Todo indica que ésta batalla es a muerte.

TE AMO.

sábado, 4 de junio de 2016

Frustración

Una vez más acá estoy yo luchando con mis sensaciones, mis emociones, mis pensamientos.
Otra vez más me asomo al escabroso acantilado que se desata al borde de mi mente. Observo hacia abajo, en el fondo, y puedo divisar un torbellino de ideas y sentimientos que se arremolinan caóticamente. Las palabras pasan tan apresuradas que sólo logro distinguir esbozos de éstas.
"Lib...", "Rea...",Esqu..."
 No logro comprender ninguna de ellas, sin embargo con un poco de esfuerzo aveces logro detenerme en uno de éstos conceptos que viajan tan rápidamente. Pero no sirve de nada retener una palabra cuando todas las demás que le otorgan sentido, que dotan al concepto de significado, se escurren entre los dedos como si de agua o arena se tratase. Entonces capto una palabra: "YO". Entonces bien, escribamos sobre yo.
Sobre mi...
Releo los esbozos de las palabras que alcancé a vislumbrar antes y no puedo evitar terminarlas en mi mente:
"Libertad","Realidad","Esquizofrenia"
Tal vez eso sea lo que mi inconsciente se empeña en plasmar, y que está estrechamente relacionado con mi Yo. Aunque hace poco me di cuenta de que debo dejar de justificar y fundamentar todo utilizando el Psicoanálisis. Así que voy a evitarme preguntas como si soy libre, o qué es la realidad, o si sufro de algún desorden mental. A la mierda con eso.
Soy un jóven que apagó su genio a fuerza de drogas y alcohol.
Ese soy Yo.
Alguien que ve su potencial reventarse como si de un globo se tratara. Al igual que se revientan mis sueños, mis ideales, mis tesoros... a medida que voy haciéndome viejo. Es normal que me sienta frustrado.
Resuenan en mi mente, a lo lejos, los versos de un poema de Neruda que mi madre solía leerme de chico. No tengo la menor idea porqué, pero me agarró desprevenido.


"Puedo escribir los versos más tristes esta noche."



Qué carajos?
En el fondo soy un sensiblero cabrón.