miércoles, 3 de octubre de 2012

Literatura Infantil


La desesperada historia de:
El Sapo Pepe

  Las botas que se arrastraban por la húmeda alfombra del Casino Voyeur se precipitaron contra las puertas. La noche había caído en la ciudad de Las Vegas. Tambaleándose, por fin pudo llegar hasta su Chevy. El motor encendió instantáneamente y partió del Strip en un rugido.
Ha medida que se alejaba del Strip, los carteles de neón iban desapareciendo. Las casas parecían descansar a la sombra del luminoso tráfico que invadía esa carretera. Entre las intersecciones de la Av. Davis con la 55, el semáforo hizo detener por un instante a Pepe, que se miró en el espejo retrovisor. Su color verde pálido se veía opacado por unas densas gotas de sudor que le recorrían el rostro. Con su lengua se despejó la humedad de la frente. Sus ojos amarillentos estaban desesperados. El Sapo Pepe estrujaba el volante, estaba perdido.
Odiaba el tener que detenerse. Todo lo que deseaba hacer era conducir. Conducir sin destino, hasta que se quedara sin gasolina. Pero no. Ahora que se detenía, por un instante, se veía en la obligación de pensar. Pensar una manera para recuperar el dinero que había perdido. Pero, ¿cómo recuperar 7 millones de dólares?
Si don Humberto Sosa se entera que su dinero ahora pertenece a la sinuosa red de créditos del Casino Voyeur, Sapo Pepe terminará estacado en el desierto, con un cuervo repiqueteándole el ojo.

Girando hacia un lado, el Chevy Impala se internó en el oscuro aparcamiento del McDonald.  El local de comidas rápidas resplandecía a través de los enormes y rectángulos vidrios. Las ventanas rutinariamente limpias, el piso de linóleo grasientamente lustrado, todo aquello le producía a Pepe una repugnancia muy intensa. Su existencia no permitía comprender las tristes vidas de los que limpiaban aquellos vidrios, de los que lustraban ese suelo, de los que repetían su speech de venta con ánimo ausente, como el más desgraciado robot.
El motor al fin se detuvo, dejando que el silencio de la noche inunde el interior del vehículo. Dirigió su pata al interruptor del techo y Pepe quedó sumergido en la oscuridad. Encendió un cigarro.

En tan sólo una noche, se puede tirar por la borda toda una vida. ¿Quién podía imaginar perder 7 millones de dólares en un juego de póker? Con la estafa que Pepe había planeado,meticulosamente,durante 3 meses,podría haber quintuplicado el fondo de jubilación de don Humberto. Se suponía que saldría por la puerta grande, con su cuenta bancaria sobresaliente de billetes.

El estómago le rugió. El punto rojo en la oscuridad se dirigió hasta el botón de la guantera y ésta se abrió en un destello cromado. Tomó el revolver entre sus dos patas, y ,manipulando con dificultad su cigarrillo, observó el tambor del Mágnum .357. Estaba cargado. Tomando el cigarrillo con la boca, el Sapo enfundó el revólver en el cinturón.
-Tengo hambre.-Se dijo, y colocó una bota sobre el pavimento.