miércoles, 19 de octubre de 2016

Biografía de Max Calabria



Han pasado muchas cosas desde el momento que llegué a América.


Tuve que irme de mi Italia natal, el horno ya no estaba para bollos. No es fácil pertenecer a una familia de profundas raíces anarquistas. Empezando por mis bisabuelos, pasando por mis abuelos, mis padres y mis hermanos… todos fuimos y somos activistas libertarios. A mi bisabuelo lo fusilaron en el 43, era miembro de los Arditi del Popolo (Escuadrones del Pueblo) y los fascistas de Mussolini lo pusieron contra el paredón luego de que mi pariente hiciera estallar uno de los puentes más importantes de la frontera siciliana, justo en el momento en el que un convoy de suministros lo cruzaba con la intención de abastecer a las tropas del “Duce”.

Mis abuelos se dedicaron a la propaganda insurreccionalista. Con el triunfo de los aliados en Europa, muchos fueron los italianos que cruzaron el océano para instalarse en las costas de América. Mis abuelos se encargaban de que la llama libertaria siguiera encendida entre aquellos inmigrantes. Tenían una imprenta en la que editaban uno de los principales periódicos anarquistas de la época, y mi padre era el encargado de escabullirlo ilegalmente a los Estados Unidos. Entre éstas publicaciones se podían encontrar manuales detallados sobre la fabricación de bombas y de diferentes maneras de tomar el control en las fábricas y los guettos.

Fue durante éstos años que mi padre conoció a mi madre, y se la llevó a vivir a Italia. Más precisamente a la ciudad de Calàbbria, en la punta de la península.

Ya entrando en la década del ’90 es cuando mi madre me dio a luz.

Ahí estaba yo, Maximiliano Salvatore, o como me hago llamar en América: Max Calabria. Así es, tomando las viejas costumbres de los inmigrantes italianos, yo también cambié mi apellido por el nombre de mi ciudad de origen. Así es más fácil reconocernos entre paisanos.

Mi adolescencia en Italia fue problemática. Las fuerzas policiales italianas, los Carabinieri, no me sacaban los ojos de encima. Ya sea por mi historia familiar, o por mi participación en las protestas, esos malditos policías no me dejaban dar un paso sin que me sintiera vigilado. Luego de algunas detenciones que se sucedieron en mi camino hacia la universidad, me vi obligado a abandonar mis estudios. Fue así como comencé a participar más activamente en el activismo político. Tenía mucho tiempo de sobra, y nada que perder…

En consecuencia de mis acciones, una orden de detención recayó sobre mi. Es por eso que decidí marcharme. Con la ayuda de los amigos de mis padres pude hacerme con los papeles necesarios para viajar a América. Así fue como me monté en el primer avión y puse en marcha mi nueva vida. Max Calabria ha llegado al continente. ¡Abran paso a otro italiano!