miércoles, 12 de diciembre de 2012

Salir al Sol


Es ahora cuando mi espíritu tiene la necesidad de irse lejos y sentarse a escribir, aunque me encuentre ahora en esta habitación sofocante, una tarde de pesada humedad que hace difícil el respirar. No quiero entrar tan temprano en la ironía, pero hace días que me resulta imposible respirar con normalidad. Salvo por aquella mañana de domingo, que desperté con alegría y entusiasmo, llegué temprano a la playa y me quedé hasta bien pasada la tarde, momento en el que fuí a trabajar. A pesar del agotamiento que produce la arena, el agua salada y las escaleras de la costa, trabajé con buen humor y terminé la noche de una manera inesperada, mientras me preguntaba con sorpresa por qué tantas cosas buenas me estaban sucediendo a mi.
Ahora, mientras espero el momento de irme, me reencuentro con ese sentimiento de agonía placentera que produce la soledad. Aveces la soledad desespera, pero la compañía no satisface. Es ahí cuando encuentro refugio en mi mundo interior, en mis libros sobre todo. Que increíble que es la literatura. Si no la tuviera, me atrevo a decir, ya no quedaría nada de mi. Muchas veces el pesimismo se apodera de mi hasta el punto de querer escapar de este mundo de una buena vez por todas, es ahí cuando encuentro compañeros como Sábato, Hesse, Kafka, Poe, entre muchos otros que comparten ese sentimiento pendular que oscila entre el kaos y el orden, el amor y el odio, la luz y la oscuridad, y los leo con los ojos abiertos como platos, deseando tener tiempo como para quedarme toda la tarde enriqueciéndome con sus palabras.
Espero que El Absoluto, un día de éstos, quiera que despierte con ganas de transitar este mundo. No veo la hora de que eso pase. Mientras tanto, me dedicaré a disfrutar ésto, que cada vez me agrada más.
Las referencias a las múltiples personalidades me siguen llegando. Ahora es el turno de Dr. Jekyll and Mr.Hyde.
Y la suerte llama a mi puerta, una gran tormenta se está apoderando del cielo. Eso significa menos trabajo esta noche, aunque también sea indicador de que alguien en este mundo está derramando sus lágrimas.
La experiencia me ha echo frío y calculador cuando se trata de defender el honor. He tomado una decisión  y por ello he echo sufrir. Las probabilidades y los porcentajes no son muy representativos cuando del amor se habla, pero si son perfectamente aplicables. Hoy me toca defender mi decisión  contra viento y marea, contra los agravios de éste mundo cruel basado en apariencias y conformismos. Tengo la tranquilidad de que he echo todo lo que estaba dentro de mis posibilidades, pero aún así me es imposible actuar como un robot, "ejercer el olvido por voluntad propia es imposible", solo aguardo al tiempo, mientras levanto mi escudo y rezo por que mis brazos se mantengan en alto, mientras el mundo y sus habitantes me siguen asqueando. Desde norte a sur al menos. Todavía no he tenido la oportunidad de desilusionarme de oriente.
Me disculpo conmigo mismo por la anterior entrada: tosca, rústica, como el manotazo de un desesperado buscando aferrarse a la frágil columna que sostiene sus convicciones apenas centímetros por encima de una gran montaña de porquería. Pero en resumen, es un buen resumen.
Lamento también mostrar poco o nada de mi mundo interior a los que me quieren, que nada saben de mis sentimientos, por que simplemente no los demuestro. Estoy en transición, en guerra. Y cuando uno está luchando se aleja de su hogar, por miedo a que perezcan sus seres queridos. Hoy me encuentro en una batalla, pero mañana te iré a buscar.

"No hay nadie que haya jamás escrito, pintado, esculpido, modelado, construído, inventado, a no ser para salir de su infierno." Artaud.